Ciencia para todos los públicos

Ocho colegios asturianos participan con piezas de Lego en una feria tecnológica en el Palacio de Congresos

El público asistente a la First Lego League, ayer, en el Palacio de Congresos

Un equipo de niños de 6 a 9 años es capaz de cambiar el color de las verduras, construir una batidora e incluso conseguir que los microorganismos no pudran los alimentos. La feria científica First Lego League reunió ayer, en el Palacio de Congresos, a 66 alumnos de Primaria de ocho colegios asturianos con el objetivo de mostrar los inventos que los pequeños han diseñado a lo largo del curso con las piezas de juguete más famosas. Organizado por la Fundación CTIC en colaboración con el Principado, el tema principal de la prueba era la alimentación y las posibles soluciones para mantener la comida en buen estado. Cada grupo expuso su invento ante un numeroso público de orgullosos padres, mientras un comité de expertos valoró todas las propuestas.

El grupo del Colegio Santa Olaya, en Gijón, presentó su robot «Olayín», capaz de ver todos los alimentos de color rojo para hacerlos más apetitosos. «Nuestro robot tiene unas gafas que permiten verlo todo de otra manera», aseguró la pequeña Aroa Calvo, de 7 años, y poco amiga de los champiñones. Según sus profesoras Lucía Cantero y Carmen Verdasco, la comida entra por los ojos y, de esta manera, los niños son capaces de superar sus fobias y comerse con las mismas ganas unas cerezas que un buen plato de espinacas.

Al equipo «Gestabótica», del Colegio Gesta I, en Oviedo, le gusta la tortilla de patatas. Con ese punto de partida tan castizo, decidió montar su propia batidora para mezclar los huevos. Con piezas de plástico y un motor de Lego, los niños consiguieron una máquina perfecta bajo la tutoría de su profesor de robótica, Manuel Suárez. «Los huevos quedan muy bien pero la tortilla no lo sé porque todavía soy pequeña para cocinar y darle la vuelta», explicó la pequeña Irene González, de 10 años recién cumplidos. Los participantes se comportaron como auténticos científicos y hasta el último momento comprobaron el correcto funcionamiento de sus inventos. El equipo «Attack Boys», del Colegio San José de Calasanz, en Posada de Llanera, asombró al público con un dispositivo para conservar los alimentos: un robot dotado con un sensor de movimiento que coloca la tapa de los recipientes sin necesidad de ejercer presión manual. Trituradoras, un robot de siembra, un molino de harina o una máquina para elaborar pizzas completaron la lista de pequeños pero grandes inventos.

No hubo ganadores ni vencidos. Todos se llevaron un trofeo y las ganas de seguir investigando.

Publicado por lne.es el 18/06/2012