El reto del futuro es educativo: nos educaron para un mundo seguro que ya no existe

Domingo, 20 Noviembre, 2016
Es un privilegio haber vivido antes del mundo digital y ser partícipe y actor del acelerón más grande de la humanidad

Entrevista a Pablo Priesca- Contraportada de la Nueva España. 20/11/2016

Pablo Priesca (Colunga, 1957) dirige el Centro Tecnológico de la Información y la Comunicación (CTIC) desde el Parque Tecnoló- gico de Gijón. Su mundo es la innovación. “Nuevas tecnologías denomina algo que avanza permanentemente por la senda de lo nuevo, y las de los 80 no tienen nada que ver con las de 2016. Prefiero hablar de tecnologías emergentes”.

–¿Lo nuevo nos hace viejos?

–Los que vivimos antes del mundo digital y en el mundo digital somos una generación privi- legiada, partícipes y actores del acelerón más grande de la humanidad. Al estar dentro, no somos conscientes del privilegio de vivir un cambio tan acelerado que afecta social, económica y laboralmente.

–Ejemplo.

–Hace 15 años, en Asturias la población conectada a la red era el 2%. Ahora somos todos. Hace 20 años no había móviles para telefonear y hoy todos tenemos smartphone y el móvil es un apéndice nuestro. Hace 15 años no había redes sociales y hoy vivimos entre lo físico y lo virtual.

–¿Tiene Facebook?

–Para acceder a terceros. Hace 4 años lo alimentaba, pero me robaba un tiempo impresionante.

–¿Cuánto usa el móvil?

–Mucho, comunicación personal, correo electrónico, wasap...

–¿Ha ganado tiempo?

–Seguro. El efecto es otro. La tecnología rompe la frontera entre lo personal y lo profesional. Antes no llevaba trabajo a casa.

Pablo Priesca deja la familia para la noche. Casado en 1987, tiene un hijo de 20 años que estu- dia Negocios en una Universidad estadounidense becado por el fútbol, y otro de 15, en primero de Bachillerato.

–¿Su comunicación tiene más calidad?

–Sí, pero con efectos colaterales. Hay una sobredosis de dispo- nibilidad de información en la red y lees muchos correos electróni- cos en vertical, no en horizontal. Hay menos reflexión.

–¿Tiene wearables (ropa y dispositivos inteligentes)?

–Mi reloj me avisa de llamadas y correo electrónico y me contro- la las pulsaciones.

–¿Le libró de un infarto?

–No. En la bicicleta tengo otro que va conectado a un pulsómetro. Salgo en bicicleta tres horas del sábado o del domingo y hago 40 o 60 kilómetros de carretera. Me gusta y me viene bien para la espalda. A los 27 años hice Madrid-Lisboa-Sevilla con amigos cuando nadie hacía cicloturismo.

–Usted creció en Colunga.

–Vinimos a Gijón en 1967 para que mis dos hermanos y yo pudiéramos estudiar. Al subir al taxi, me di cuenta de que dejaba atrás a los amigos y supe que me iba a cambiar la vida.

Dice que tiene un “perfil profesional raro”.

–En COU dejé de estudiar y aprendí a programar en Cobol y Basic en una academia en Oviedo. Se empezaba a decir que la in- formática era el futuro y los bancos empezaban a usarla. Desarrollaba líneas de código que pasaban a las perforistas. No veía el ordenador. Mi primer ordenador fue un Spectrum, en 1980.

–¿Qué volvió a estudiar?

–Magisterio. Al acabar enlacé con Psicología.

Para pagar sus estudios trabajaba en verano: en Cradi, en una fábrica de parqué, en la vendimia en Francia, en la fruta en Suiza...

–Trabajé de psicólogo 5 años y me fue bien. En 1987 entré en el Fondo Formación, en temas de orientación profesional. Tuve que elegir y preferí la gran empresa, que pertenecía a los Fondos de Formación de Empleo.

Allí incorporó la tecnología a los trabajos de orientación, trabajó en proyectos europeos y de sociedad de la información. En 1996 era director del Centro de Nuevas Tecnologías de Fondo Formación en Avilés.

–Creamos los telecentros. En 2001 había 86, la mayor red nacional y el origen del modelo nacional. En 2002 me propusieron lanzar un centro tecnológico que impulsara la tecnología de comunicación de manera más transversal. Pasé dos años en la FICYT, en Oviedo, preparándolo y en 2004 empezó la actividad de CTIC.

–Dé una novedad excitante.

–Estamos muy cerca de llevar implantes tecnológicos, chips subcutáneos.

–¿La tecnología lleva a una sociedad mejor?

–Sí. No le achacaría el empeoramiento de las condiciones sociales, aunque tiene efectos colaterales. Echevarría habló del tercer entorno en 2000, una hibridación, porque entras y sales de un entorno real a otro virtual y el virtual empieza a ser natural. El que está 17 horas en un entorno virtual es como un ludópata en el real.

–¿Se aburrirá de su mundo?

–Es difícil porque la evolución es tal... Estamos empezando a trabajar con Blockchain.

–¿Qué es eso?

–Una tecnología para las transacciones bancarias de internet que garantiza que la persona que hace la transacción es quien dice ser. No lo dice un servidor, como ahora; lo identifican cientos o miles de ordenadores. Nadie puede hackear 7.000 ordenadores.

–Internet de las cosas. Las empresas tienen máquinas conectadas a internet y lo que antes se escondía y custodiaba ahora se pueden hackear.

–Aunque haya piratas, lo positivo supera a lo negativo. Así se puede controlar el gasto de energía con millones de datos en décimas de segundo (Big Data), valorados por análisis inteligente de datos que hacen los algoritmos.

–¿El algoritmo matará al trabajador?

–Es una reconversión. Destruye tipos de empleo, pero permite hacer trabajos nuevos antes imposibles a las personas, que no pueden analizar millones de datos en una hora. Lo que queda por hacer en este terremoto, en lo que veo la oportunidad sin negar que genera problemas, es el reto educativo.

–Diga.

–Nos educaron para un mundo seguro, controlado, cierto y cercano, y ahora el mundo es inseguro, incierto, globalizado, hiperconectado y supertecnificado. Estamos educando para un mundo que desapareció. No necesitamos almacenar tanto conocimiento en nuestras memorias. Tenemos una memoria extendida fuera de nuestras cabezas, internet en cualquier parte, y necesitamos análisis, cribar lo relevante, síntesis, interpretación y traducción.