Fundación CTIC desarrolla un programa pionero para el aprendizaje de niños con autismo

La Fundación CTIC crea un juego basado en el reconocimiento facial para entrenar las emociones, que también interesa a asociaciones de Síndrome de Down

Los niños con trastorno del espectro autista presentan dificultades para reconocer e interpretar las emociones de los demás, y para expresar las suyas propias. Una de las claves con las que trabajan psicólogos y terapeutas es la de mostrarles de manera fácil cómo entenderse con el mundo que les rodea, una tarea que hasta ahora se apoyaba en pictogramas y dibujos que les dan las pautas acerca del significado de los gestos y las cosas. La Fundación CTIC ha dado un paso más en el proceso de apoyo al aprendizaje a los niños con autismo, y lo ha hecho con una herramienta pionera a nivel internacional: un juego interactivo basado en el reconocimiento facial que les enseña a estar alegres, tristes y enfadados. O a saber cómo están los demás en cada momento.

El juego, llamado “Emoplay” y destinado a niños de entre 6 y 16 años, estará disponible en todas las plataformas y para todos los sistemas operativos, de manera gratuita, para que quien lo desee lo descargue y empiece a trabajar con él. El funcionamiento es simple, como explicaba ayer Jimena Pascual, líder de Especialización Tecnológica para el Bienestar y el Envejecimiento Activo de la Fundación CTIC. Así, en la primera pantalla se selecciona la emoción sobre la que se quiere trabajar, y acto seguido se proporcionan breves explicaciones al niño para reconocerla.

María Saornil prueba el juego ante la webcam

“Por ejemplo, en el caso de la alegría la identificamos con las cejas levantadas, la sonrisa, la mirada directa o las mejillas levantadas”, indica María Saornil, encargada del desarrollo del algoritmo del programa. De esa manera se anima a los niños a imitar el gesto, gracias a una webcam integrada en el programa, en la que ellos mismos se ven y pueden jugar a “copiar las caras”.

El algoritmo desarrollado por los ingenieros de CTIC es capaz de reconocer en tiempo real si los niños lo están haciendo bien, y si la emoción que deben imitar es la correcta se les proporciona un refuerzo positivo, con un mensaje de enhorabuena. También es posible ajustar el programa a las necesidades de cada niño, con distintos niveles de dificultad y con la opción de personalizarlo con imágenes de su entorno.

El programa se ha diseñado con tres emociones básicas: alegría, tristeza y enfado, y para el desarrollo del algoritmo se han usado 400 imágenes de niños de centros escolares que se han involucrado en el proyecto mostrando cada una de estas emociones. Posteriormente se ha llevado a cabo la validación del programa de la mano de más de 30 entidades relacionadas con los trastornos del espectro autista y 75 niños con algún grado de autismo, que han probado el programa con una fiabilidad del algoritmo del 90 por ciento.

Además, para la creación del programa el personal de la Fundación CTIC ha trabajado codo con codo con el Grupo de Investigación sobre la Discapacidad de la Universidad de Oviedo, que ha dotado al juego de las bases científicas necesarias para su uso terapéutico en cuanto esté disponible en las plataformas de Internet. “No pretendemos sustituir ninguna terapia, lo que buscamos sobre todo es hacer que no les genere rechazo y que no se frustren”, sostiene Jimena Pascual.

El trabajo de CTIC es fruto de una convocatoria de la Fundación Orange, involucrada desde el año 2015 en el desarrollo de proyectos que favorezcan la comunicación enfocados a las personas con autismo. Se trata, como explicaba ayer Manuel Gimeno, director de la Fundación Orange, de “sensibilizar y hacer consciente a la sociedad de la existencia de este trastorno, que ha crecido de manera exponencial en los últimos tiempos y ya afecta a una de cada cien personas”.

De ahí la importancia de hacer más fácil la integración y la comunicación de los niños con esta afectación “a través de una tecnología que hace posible convertir intenciones en soluciones reales”, destaca Gimeno, gracias a un juego que “no sólo es positivo para los niños; también para todos los que los rodean, sus padres, profesores y terapeutas”. Por todo ello, la Fundación Orange ha considerado la propuesta de CTIC como la más interesante de la convocatoria, gracias a su versatilidad y los buenos resultados obtenidos.

Distintas entidades de Latinoamérica han preguntado ya por la herramienta, novedad mundial.

Además el “Emoplay” no es un producto cerrado, sino que está abierto a una constante modificación y adaptación a diferentes tratamientos. El interés que ha despertado esta novedosa herramienta se ha dejado sentir en “el gran número de llamadas de entidades que están interesadas en adaptar el juego a sus necesidades”, indica Jimena Pascual. Les han llegado a contactar desde Latinoamérica para probar la herramienta en su fase de testeo, e incluso han surgido nuevas propuestas para el futuro.

“Nos han llamado asociaciones de Síndrome Down interesadas en contar con este juego para trabajar con sus usuarios”, indica la responsable de CTIC. Y por eso la Fundación estudia ahora la manera de obtener financiación para explorar en esta vía, la de seguir desarrollando su producto para múltiples usos en un futuro. “No hay ninguna aplicación similar en el mundo, no hemos encontrado ninguna herramienta que haga lo que hace Emoplay y la verdad es que no teníamos claro que fuera a ser viable por el alto componente en investigación”, asegura el director de la Fundación CTIC, Pablo Priesca.

Tras año y medio de investigación y de trabajo interdisciplinar, el trabajo de los ingenieros y psicólogos que han colaborado en el desarrollo del juego no ha sido en vano y los resultados invitan al optimismo. Porque cada familia con niños con autismo podrá disponer del juego cuando lo desee, en el momento en el que noten a los pequeños más receptivos para el aprendizaje, usando para ello el soporte que les resulte más cómodo con el objetivo de hacer llegar a sus hijos un nuevo modo de trabajo más interactivo, en el que los protagonistas, gracias a la webcam, son ellos mismos. Y eso, como atestiguan los especialistas, genera autoconfianza. Simplemente jugando.

Publicado por La Nueva España el 24/01/2017