La industria asturiana, en busca de la fábrica del futuro

Las compañías y los centros tecnológicos de la región colaboran para robotizar y automatizar la producción

En unos pocos años, las máquinas serán capaces de moverse con total libertad por las fábricas soldando una pieza por aquí o poniendo unos tornillos por allá; podrán comunicarse con los operarios para darles consejos sobre cómo hacer el trabajo de forma más eficiente y tomarán decisiones propias. Estas predicciones, que parecen sacadas de una novela de ciencia ficción, forman parte de un movimiento que, tornillo a tornillo, va tomando forma y que se ha bautizado como la “industria 4.0”. Una nueva revolución industrial a la que las empresas asturianas tratan de sumarse con proyectos sólo germinales en muchos casos, pero que a no mucho tardar podrían dar un vuelco a su forma de trabajar. El objetivo es no perder el tren frente a sus competidores en un mercado cada vez más globalizado.

La fundación CTIC desarrolló un proyecto, llamado Plant VR, para combinar la realidad virtual con el diseño de plantas químicas. Entre sus usos está ofrecer a los clientes una visión nítida del producto que van a comprar. En la imagen, Jaime Menéndez, técnico del CTIC, probando el sistema.

La fundación CTIC desarrolló un proyecto, llamado Plant VR, para combinar la realidad virtual con el diseño de plantas químicas. Entre sus usos está ofrecer a los clientes una visión nítida del producto que van a comprar. En la imagen, Jaime Menéndez, técnico del CTIC, probando el sistema.

El consenso es que las factorías del futuro serán mucho más automáticas, todo estará interconectado y los operarios que queden –ya que las máquinas engullirán muchos puestos de trabajo– tendrán que estar en constante formación para no perderse entre tanto avance tecnológico. “En las compañías asturianas hay un interés claro y generalizado por subirse a este tren”. El que habla es José Ramón Natal, responsable de innovación de la patronal asturiana del metal (Femetal) y coordinador del clúster “Metalindustry4”, que busca promover este nuevo modelo industrial en la región. “Si no lo hacemos corremos el riesgo de dejar de ser productivos”, avisa.

El tren al que tratan de subirse las compañías regionales está aún en una de sus primeras paradas. Así, al menos lo pronostican algunos expertos. “Esto no se puede hacer de un día para otro, en España fue en 2014 cuando detectamos que había empresas trabajando en esto”, señala Pablo Coca, director de desarrollo de negocio del CTIC, un centro tecnológico de referencia situado en Gijón y donde se están cocinando algunos de los avances que acabarán llegando a las fábricas.

Femetal cree que los avances no mermarán el empleo, sino que ayudarán a los trabajadores.

Otros de los fogones están a solo unas manzanas de distancia, en la Fundación Prodintec, y una de cuyas líneas de investigación consiste en dotar a los robots de más autonomía. La responsable de relaciones externas de esta Fundación, Raquel García, resalta el alto grado de interés que estos cambios tecnológicos están despertando en compañías de la región.

Gota a gota los cambios van calando. ¿En qué avances están trabajando las empresas asturianas? Hay varios frentes abiertos. Raquel García señala que un camino importante lo está marcando la impresión en 3D (la aditiva), con aplicaciones en sectores de lo más diversos. Por ejemplo, la constructora Coprosa trabaja desde hace años,

en colaboración con Prodintec y con la cementera Tudela Veguín, para poder “imprimir” muros de hormigón. Su objetivo es construir este año una habitación, con sus cuatro paredes y su techo. También el metal está utilizando este sistema para fabricar sus piezas. Incluso, apunta Raquel García, “estamos trabajando con el restaurante Casa Gerardo” para hacer platos de comida mediante una de estas impresoras, o con algunos laboratorios médicos para poder imprimir tejidos humanos.

Prodintec también ha participado en un proyecto para diseñar un robot, de nombre Valeri, para la industria aeronáutica. Está diseñado para interactuar con el personal de las fábricas y tiene total autonomía para moverse y para trabajar, soldando piezas que luego van a formar parte de un avión.

Pero no sólo de tecnología vive la industria. Una de las bases sobre las que sustentan esta nueva revolución industrial es que todo esté conectado entre sí, señala Pablo Coca, del CTIC. “La tecnología no es un fin en sí misma, es un medio para construir un nuevo modelo de fábricas”, apunta. En su caso, el CTIC acaba de finalizar un proyecto para acercar la realidad virtual al día a día de las industrias. Lo ha hecho de la mano de la ingeniería gijonesa Idesa. La idea, explica Coca, es usar gafas en tres dimensiones (3D) para, por ejemplo, mostrar a los clientes con una extrema precisión cómo va a quedar su producto una vez finalizado, o para dar formación al personal de forma más rápida. También han desarrollado otro proyecto en el que un sistema informático es capaz de hacer un análisis facial de los operarios de maquinaria pesada con el objetivo de detectar signos de fatiga y estrés y así evitar posibles accidentes.

Una de las consecuencias de estos avances es que la mayor automatización provocará que haya menos trabajadores humanos en las fábricas, pero los que queden tendrán que estar mucho más preparados, tener un reciclaje continuo para lidiar con los cambios tecnológicos que, se anuncia, llegarán en manada. Algo que, todavía a pequeña escala, está ocurriendo ya en algunas empresas asturianas, entre ellas el gigante siderúrgico Arcelor-Mittal.

Muy gráficamente, el responsable de CC OO en las plantas regionales del gigante siderúrgico, José Manuel Castro, explica el impacto de esta creciente automatización en un taller de la siderúrgica. Hasta hace no mucho, señala, eran necesarios tres operarios para manejar y transportar uno de los gigantescos cilindros que se fabrican en Avilés: uno que manejara la grúa y otros dos que, a cada lado de la pieza, la sujetaran y controlaran todo el proceso. Desde hace unos meses sólo es necesario un trabajador para hacer toda la operación. Con los pies en la tierra y con un mando maneja la grúa y una gigantesca pinza que es la que traslada el cilindro. Historias similares se reproducen en otros talleres de Gijón y Avilés.

Iñaki Malda, portavoz de UGT en las factorías de Arcelor, asegura que todo esto tocará al empleo “sí o sí”. Aunque, a su vez, asegura que pueden crearse otros puestos “más especializados, en los que se exija un gran conocimiento y que tenga una mejor remuneración”. El sindicalista expone que “lo que no podemos hacer es renunciar a las máquinas, eso sería como quedarnos en el pasado”. En la propia Arcelor, defienden los sindicalistas, toda esta automatización ha ido avanzando de forma sigilosa durante los últimos años. En la década de los ochenta, coinciden también, hacían falta cinco veces más de trabajadores para producir menos cantidad de lo que se hace ahora y con una calidad peor.

José Ramón Natal, de Femetal, sin embargo, no cree que los avances vayan a traer consigo una merma del empleo. Serán, señala, una ayuda para que los operarios hagan mejor su trabajo.

Mientras todo esto llega, hay quien ha echado cuentas y los números no le acaban de cuadrar. Según la Unión Europea, España necesitará 80.000 profesionales cualificados en nuevas tecnologías ante el cambio industrial, y también dar más formación a los actuales obreros de las fábricas. De hecho, la industria española va algo retrasada en esta carrera por usar la tecnología para hacer más con menos personal. Así lo asegura el jefe del departamento de macroeconomía del servicio de estudios de La Caixa, Josep Maestres, quien en un reciente estudio sobre la evolución de la “industria 4.0”, señala: “El uso empresarial de tecnologías como el de internet de las cosas es más bajo que en los países de su entorno”. De momento, las empresas asturianas están en su propia búsqueda de la fábrica del futuro.

Publicado por La Nueva España el 05/02/2017