La joven materia gris de Arcelor

El renovado departamento de investigación de la multinacional del acero trabaja en 90 proyectos para los 23 países con factorías de Mittal
El exterior del centro de I+D de Arcelor

El exterior del centro de I+D de Arcelor

A pocos metros de donde Nicolás de Abajo, director del centro de I+D de Arcelor, explica a LA NUEVA ESPAÑA las previsiones de crecimiento del departamento que dirige desde 2008, dos jóvenes manipulan un extraño aparato en un prado que hace las veces de jardín del edificio donde trabajan un centenar de ingenieros, informáticos, químicos, físicos y matemáticos en aparente armonía. Ambos –que resultan ser empleados del centro de I+D– tocan botones, toman notas en una libreta, se alejan del aparato, luego se acercan y vuelven a empezar la rutina. Lo que parece una inocente distracción al aire libre, casi un juego infantil, resulta ser, según comenta el director, el ensayo de un futuro sensor de movimiento con alarma sonora que evitará posibles atrapamientos en la zona de carga de las tolvas de las baterías de coque, donde se mueven sin parar las 24 horas del día enormes vagonetas cargadas de carbón.

Puede que algún día, aunque ellos probablemente no lo llegarán a saber siquiera, el «invento» de estos dos investigadores salve una o más vidas; de momento su misión es solucionar un problema detectado por el departamento de prevención de riesgos laborales: las vagonetas se mueven tan lentamente que a veces los trabajadores no perciben su cercanía y corren el peligro de ser fatalmente alcanzados. En esto consiste el trabajo diario de los empleados del centro avilesino de I+D de Arcelor Global, sito en los antiguos laboratorios de la avenida de Gijón: proporcionar soluciones a problemas y si es de forma barata, mejor.

El departamento de I+D de la multinacional siderúrgica en Asturias pasa por uno de los mejores momentos de su historia: tiene abiertos 90 proyectos de investigación para los 23 países donde Arcelor-Mittal tiene implantación, es el segundo mayor de los de su género (mejora de procesos) de los cuatro centros de I+D que tiene ArcelorMittal en el mundo –el más pequeño está en Hamilton (Canadá), le siguen el de East Chicago (Indiana, Estados Unidos), el avilesino y el de Muizieres (Francia)– y en virtud del reciente convenio firmado con el Principado será receptor de una inversión de 40 millones de euros en cinco años que le permitirá doblar prácticamente su tamaño, lo que equivale a aumentar su plantilla a razón de 30 investigadores por año y asumir más carga de trabajo. Según Nicolás de Abajo, el perfil de los nuevos fichajes será "licenciados jóvenes, formados en disciplinas como la ingeniería, la física y la química, bilingües y, sobre todo, talentosos; en nuestro caso el talento es una materia prima muy apreciada".

Para todo lo anterior, y dado que el edificio de la avenida de Gijón se quedará pequeño, la empresa ocupará en régimen de alquiler lo que iba a ser la sede de la Fundación Metal, en el polígono de la ría, un inmueble construido que ni ex profeso para su nueva utilidad: es de acero, fue diseñado según los conceptos de la «arquitectura inteligente» y está dotado con las tecnologías más punteras.

Ningún medio de comunicación había entrado hasta ahora en el centro de I+D de Arcelor desde que la empresa invirtió 350.000 euros en renovarlo hace ahora dos años. LA NUEVA ESPAÑA franqueó sus puertas esta semana y es evidente que los cambios han sido muchos y sustanciales, y no sólo porque las puertas se abran con tarjetas de plástico inteligentes en vez de con las acostumbradas llaves metálicas.
Un mueble lleno de celdas de tela recibe al visitante en el pasillo que comunica las diferentes salas de trabajo; cada compartimento sirve para guardas las pantuflas o chanclas, según los gustos, de otros tantos investigadores. "La gente tiene que estar cómoda en el trabajo"", aclara Nicolás de Abajo ante la evidente cara de sorpresa del periodista. No es la única comodidad que se descubre en el centro de I+D: hay un futbolín en una sala concebida para descanso pero donde en el momento de la visita de este diario cuatro investigadores evaluaban en un ambiente informal los resultados de un ensayo. Las diferentes áreas de trabajo están «customizadas» al gusto de los ocupantes, de modo que una de ellas, la de medio ambiente, recrea la luz y la calidez del Trópico.

"La media de edad de la plantilla es de 33,5 años; somos gente joven, lo que no quita que haya un fuerte compromiso con los objetivos del trabajo, siendo habitual prolongar la jornada en casa o, por lo menos, llevarte los problemas cotidianos para la cama", asegura el director. Así y todo hay "buena onda" en el ambiente y eso se nota: más aún en los resultados.

El trabajo de los investigadores de Arcelor se centra en el proceso productivo del acero, un campo que genera problemas de muchos tipos: de seguridad, de calidad, de mejora de producto, de costes, de consumo de materias primas, de logística, de medio ambiente, de energía... La lista tiende casi a infinito. La media de tiempo asignado para llevar a cabo cada proyecto es de unos dos años y la asignación de los mismos se hace en función de propuestas que proceden de las fábricas (alguien detecta un problema y pide ayuda para solucionarlo) o como consecuencia de planteamientos teóricos (alguien tiene una idea que se juzga interesante y se investiga su viabilidad). Como norma general, el personal del centro avilesino de I+D no trabaja solo; los progresos suelen ser compartidos con investigadores de alguno de los otros centros de la compañía y por eso las videoconferencias internacionales y el intercambio de correos electrónicos están a la orden del día. Lo consigna viene a ser "enfoque local, pensamiento global".
La reserva habitual de Arcelor sobre las líneas de investigación en las que trabaja su área de I+D impide entrar en detalles sobre la mayoría de los proyectos en marcha, pero en el transcurso de la visita a las instalaciones Nicolás de Abajo comenta cómo llegaron a término algunos de los ya materializados y de sus palabras se desprende la importancia que se da al ingenio y al talento en esta «fábrica de ideas» de Arcelor.

Las "sabias" hormigas

La humilde hormiga es en estos momentos la mascota oficiosa del centro de I+D de Arcelor en Avilés y como tal son varias las que están desperdigadas por las oficinas en forma de simpáticas caricaturas o peluches. «La cosa viene de que gracias a la observación y el estudio del comportamiento de las hormigas a la hora de trazar las rutas para buscar alimento logramos desarrollar un algoritmo matemático que aumentó notablemente la eficiencia de una línea de producción», explica el director del centro haciendo alusión a lo que en matemáticas se conoce como «estructurales fractales» y en la naturaleza está presente, siempre ligado a patrones de optimización, en sistemas como el vascular del cuerpo humano, las ramas y raíces de los árboles o las cuencas de drenaje de los ríos.

Enfriando raíles del AVE

En los laboratorios del centro de I+D de Arcelor llama la atención una máquina circular llena de tubos y boquillas de aire digna de salir en una película de ciencia ficción. Se trata, explica De Abajo, de un simulador de enfriamiento de carril y gracia a ella ha sido posible, por ejemplo, mejorar la calidad de las vías del AVE que se fabrican en Gijón: "El problema planteado era la necesidad de hacer un enfriamiento asimétrico del carril en el momento de su función; lo idóneo es que la cabeza (la parte sobre la que apoyan las ruedas del tren) sea más dura que el pie (la parte que apoya en el balastro de la vía). Lo logramos reorientando los flujos de aire que enfrían las piezas de modo que a la cabeza del carril se le dé un temple diferente al del resto de la pieza".

Publicado por La Nueva España el 22/04/2014