Octubre 06, 2026

Qué podemos aprender del modelo suizo de desarrollo rural de montaña

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Asturias y Suiza comparten una fuerte tradición campesina y un paisaje de montaña, pero han construido modelos de desarrollo muy distintos


Asturias, como España, entró con retraso en la industrialización, basándola en la disponibilidad de materias primas, fundamentalmente el carbón, necesario para la siderurgia. Y, a medida que la región se fue industrializando, se produjo un abandono de las áreas rurales y un desprestigio de la actividad campesina. Suiza, sin embargo, tuvo una industrialización temprana basada en la especialización técnica y de alta cualificación (industria relojera, maquinaria de alta precisión, farmacia...), pero nunca renunció a su historia campesina.
Si con algo se identifica el país helvético es con las montañas alpinas (el 62 % de su territorio). Su entorno montañoso presenta un paisaje rural extremadamente cuidado, donde es casi imposible encontrarse con un matorral.

El paisaje, humanizado, es claramente cultural. Dispone de un modelo de población rural basado en pueblos y aldeas que se dispersan en un desorden meticulosamente ordenado de casas/granjas unifamiliares, praderías y montes discontinuos bien cuidados y gestionados. En las manchas boscosas más cercanas a zonas habitadas predominan diferentes tipos de coníferas, que se intercalan con hayas, fresnos y abedules, que son de combustión lenta, como forma intencionada de prevenir incendios.

En un país tan desarrollado como Suiza, sorprende observar cómo se mantiene la trashumancia de ganado, no solo como tradición, sino como una necesidad económica. La Suiza alpina ha desarrollado un modelo multifuncional integrado, con visión sistémica y conformado por una base de economía campesina centenaria sobre la que se asienta un sector turístico muy potente. Allí donde otros veían en el medio rural el atraso, Suiza supo ver el desarrollo de un turismo de alto valor.


Es un modelo muy distinto al asturiano, donde prima una gestión del territorio sectorial y no sistémica. Por un lado, el turismo, basado en la contemplación del paisaje (sin preguntarse cómo se ha generado) y, por otro, el desarrollo rural (fragmentado en departamentos inconexos).


¿Cuáles son las razones del éxito suizo en su política rural?

El éxito del modelo radica en la cohabitación del mundo rural con el turismo, bajo una visión sistémica y un modelo de territorio bien definido. En los grandes valles glaciares, el aprovechamiento agrícola es intensivo: cultivos de frutales, hortalizas o maíz en los fondos de valle y viñedos en las laderas bajas, con pequeños propietarios que se organizan en cooperativas locales para la transformación y comercialización (cantón del Valais, por ejemplo).
Las zonas alpinas concentran una actividad agro-ganadera de montaña que forma parte de la
identidad nacional suiza.

Me centraré en el modelo de desarrollo de la montaña alpina suiza, por compartir ciertas
similitudes orográficas con Asturias. El éxito del modelo radica en la confluencia de decisiones
políticas que lo hicieron viable bajo una visión de territorio multifuncional e integrada:

  •  Descentralización administrativa y fiscal. El poder de decisión y la fiscalidad dependen
    de los cantones y del equivalente a los ayuntamientos españoles (comunas). Existe una
    democracia directa para asuntos relevantes. En España, la política rural depende, en
    buena medida, de las políticas europeas de la PAC, muy poco territorializadas.
  • La actividad agro-ganadera de montaña está protegida por la Constitución suiza. El
    artículo 104 consagra el principio de multifuncionalidad de la agricultura,
    encomendando al Estado la tarea de garantizar que la producción agrícola contribuya
    al suministro de alimentos, al mantenimiento del paisaje rural, a la preservación de los
    recursos naturales y a la descentralización de la población.
  • Protección de los productos tradicionales como leche, quesos o carne, con prohibición
    de importación o aranceles a productos foráneos.
  • Pago a los campesinos por servicios ecosistémicos (jardineros del paisaje). Son
    considerados clave para el turismo. Una explotación agrícola media percibe
    anualmente entre 60.000 y 90.000 francos por mantener el paisaje. En España, la PAC
    subvenciona y prima el mercado y la producción, ignorando los servicios ecosistémicos
    de los campesinos, que son invisibles.
  • Una infraestructura de comunicaciones de carreteras perfectamente cuidadas y
    mantenidas, que llegan a todos los pueblos bajo un principio de universalidad y no de
    flujos o concentraciones de población, como sucede en el caso español.
  • Una red de ferrocarriles excepcional, con puntualidad suiza, que comunica pueblos de
    alta montaña y que se comparte con el turismo. Al igual que otras infraestructuras,
    como funiculares, también de uso compartido. Y un importante parque de
    helicópteros que transportan materiales de todo tipo, suministros y turistas por
    enclaves de alta montaña.
  • Una infraestructura de conectividad móvil e internet de banda ancha en todo el
    territorio, incluso el no habitado de montaña.
  • Una red inmensa de rutas de senderismo, perfectamente señalizadas, que aprovecha
    los caminos abiertos y utilizados por los campesinos y el ganado desde hace siglos y
    que, en invierno, son pistas de esquí.
  • El mantenimiento de servicios básicos de calidad: sanitarios y educativos.
  • Un reconocimiento social y cultural de los campesinos de montaña, vistos como
    agentes de infraestructura pública para mantener el paisaje y evitar el colapso del
    territorio. Miles de profesionales urbanos, como profesores, médicos o ingenieros,
    solicitan anualmente trabajar, durante el verano, en granjas, como pastores,
    elaboradores de quesos o en cualquier otra actividad agro-ganadera, cobrando un
    sueldo regulado por ello. El campesino de montaña es parte de la identidad nacional
    suiza. Sin embargo, en España se ha construido un relato que atribuye al mundo rural
    un estatus inferior al urbano.
  • Predisposición del consumidor suizo a pagar precios elevados por productos locales,
    concienciado de que está apoyando actividades agro-ganaderas locales. En España se
    prima el precio sobre la calidad o la procedencia del producto.
  • Pero no todo es idílico; también existen tensiones en el modelo:
  • La presión turística incrementó el precio del suelo para los campesinos que quieren
    vivienda.
  • Los turistas, en ocasiones, no entienden las necesidades campesinas, existiendo
    conflictos con el ganado, con los cierres de fincas, con la invasión de pastizales, con los
    mastines, con los restos de comida…
  • Existe el problema del relevo generacional, pero más mitigado que en España.
  • El conflicto con la fauna salvaje existe, pero hay mecanismos institucionales de
    compensación rápidos y eficaces.
  • La masificación de visitantes, a pesar de la tasa turística (pensada más para el
    mantenimiento de servicios que para reducir el número de turistas), comienza a ser un
    problema.
  • Si bien no es un modelo fácilmente exportable en su conjunto, sí merece la pena su
    observación y estudio porque puede aportarnos pistas del camino a seguir. Desde CTIC
    Ruraltech, como centro de pensamiento de nuevas ruralidades, estudiamos modelos de éxito
    que nos puedan inspirar innovaciones aplicables a Asturias. Estamos convencidos de que el
    futuro también se encuentra mirando las huellas que otros dejaron.

Pablo Priesca Balbín, ex director general de CTIC Centro Tecnológico y ahora Patrono de Honor
de esta entidad.

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